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Menos asalariados, menos consumo, menos actividad

Junio, un mes donde el dólar volvió a vivir su “veranito”, gracias al visto bueno del FMI, cierra con pésimos números.

En efecto, el combo anti-crecimiento de inflación, pérdida salarial, más desocupados y menor consumo y actividad económica, es la síntesis de los informes reportados por el Indec, el Ministerio de Trabajo y la Dirección General de Estadística y Censos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (DGEyC).

Derrumbe de la actividad económica en CABA

A pesar de las bondades “noruegas” del metrobús o las reformas de la Avenida Corrientes, la Ciudad de Buenos Aires replica los problemas económicos nacionales. En otras palabras, CABA no es una isla, sino el distrito más rico del país y uno de los lugares de la Argentina donde los contrastes socioeconómicos son más notables.

El viernes 28 de junio, la DGEyC indicó que la actividad económica cayó por tercer trimestre consecutivo. El derrumbe en el primer trimestre de 2019 fue de -4,5%. El del cuarto trimestre de 2018, -4,4%. Y el del tercer trimestre del mismo año, de -1,5%.

Esta caída general de la actividad económica en CABA fue impulsada por el derrumbe producción de bienes (-6,6%) y de comercio y servicios (-5%).

El EMAE del Indec, también difundido la semana última, no es disonante con lo brindado por la DGEyC. Según el organismo estadístico nacional, durante abril la actividad económica cayó -1,3% interanual, mostrando el 12° mes consecutivo de derrumbe. ¿Los sectores más afectados? Intermediación financiera y comercio, aunque también mostraron bajas industria y construcción.

Las perspectivas para lo que queda del año continúan siendo débiles. ¿Por qué? Porque el Gobierno está en campaña con toda la incertidumbre que ello genera. Y en vez de tomar el toro por las astas e impulsar ya una renegociación del pago de la deuda con el FMI, prefiere enfriar las aguas, evitando noticias pésimas. Ello demora planes de inversión, a la vez que no soluciona la alta inflación ni el aún el elevadísimo nivel de las tasas de interés. Todo confabula contra la actividad económica, pues la recomposición salarial no llega, los puestos de trabajo se pierden y el consumo, en consecuencia, profundiza su caída.

Crece la desocupación

De acuerdo a datos del Ministerio de Producción y Trabajo también brindados la semana que pasó, en abril de 2019 se contabilizaron 12.113.900 trabajadores registrados, esto es, 203.900 trabajadores menos con respecto a igual mes de 2018, lo que representa una caída del 1,7%. Como contrapartida, el sector público tomó 18.800 empleados más.

Tomando solo al sector privado, la caída fue de 164.000 trabajadores (-1,9%). Mientras que considerando la cantidad de monotributistas, se registraron 34.900 menos que un año antes, merma que refleja el retraso en el pago del monotributo por quienes viven subcontratados, con empleos precarios o en la llamada modalidad “free-lance”, que, dicho sea de paso, es bueno recordar que no cuenta con las paritarias de los trabajadores asalariados ni con los mismos beneficios.

También desde la cartera de Producción y Trabajo se informó que el salario nominal promedio aumentó 40,4%, entre abril 2019 y abril 2018. Pero si se considera que en igual periodo hubo una inflación de casi el 56%, la pérdida real del salario se acercó al 10% en un año, solamente considerando la realidad de los asalariados privados. En el caso de los subocupados o monotributistas, la pérdida del poder adquisitivo es en muchos casos muy mayor.

Los datos de Producción y Trabajo recuerdan los brindados una semana atrás por el Indec: que, al primer trimestre de 2019, la desocupación alcanzó los dos dígitos: +10,1%, el número más alto en los últimos 13 años.

En la comparación con el cuarto trimestre de 2018, el índice de desocupados registró una variación de 1 punto porcentual (pp), de 9,1% a 10,1%. Igual variación se observa al comparar el dato en términos interanuales.

La tasa de subocupación, por su parte, también creció de un año al otro: de 9,8% al 11,8%. Y se lee, además, en el informe del Indec: “Al sumar todos los grupos de la población económicamente activa que generan presión sobre el mercado de trabajo (desocupados abiertos + ocupados demandantes + ocupados no demandantes disponibles), se verifica que pasa del 29,9% al 33,9%”.

Dante Sica, ministro de Producción y Trabajo de la Nación, acusó recibo de los duros datos a través de un comunicado, donde señaló: “Nos preocupa: son 1.800.000 que buscan empleo y no lo encuentran. Todos tienen que tener acceso a oportunidades”. La pregunta a la frase de Sica es ¿cómo “todos” podrán “tener acceso a oportunidades”? Una respuesta que el Gobierno no ha sabido responder en casi cuatro años de gestión y que solo sugiere que pueda darse a través de una flexibilización laboral que, en los hechos, ha sido dada: en un contexto donde los precios subieron por ascensor y los sueldos por escalera, no hubo mayor generación de puestos de trabajo sino precarización de los salarios y más desempleo.

Caída del consumo

Con los datos negativos anteriores en términos de actividad económica, salario y empleo, naturalmente el consumo cierra el círculo vicioso o este combo anti-crecimiento.

La semana pasada el Indec también reportó que las ventas de supermercados registraron una baja en abril de 12,6% interanual. Es el 10° resultado negativo consecutivo de este indicador. En cuanto al personal ocupado de supermercados y autoservicios, el ente estadístico indicó un recorte de -3% en las plantillas en comparación con abril de 2018 y de -0,6% versus marzo 2019. 

Con respecto a las ventas de shoppings, también se aceleró la baja de ventas 1 punto porcentual en abril frente a marzo, informó el Indec, y se mantiene la caída del consumo en relación a un año atrás en niveles muy elevados.

Números de intercambio comercial, otro reflejo de la caída de la actividad

A mayo, de acuerdo asimismo con el Indec, el intercambio comercial argentino arrojó un superávit de US$1.373 millones. Ese mes fue el noveno consecutivo con más exportaciones que importaciones. Sumados los primeros 5 meses del año, se acumula un saldo positivo de US$4.528 millones: pero este resultado puede atribuirse a la depreciación real del peso argentino y a la mencionada caída de la actividad. Y en la comparación interanual se suma un tercer elemento: la buena cosecha de 2019, que impulsó la recuperación de las exportaciones.

El último dato refuerza la idea de un país con una economía primarizada, donde las industrias grandes y pequeñas retraen su actividad (o cierran), los asalariados pierden poder adquisitivo o directamente el empleo, la inflación no cesa y el consumo se retrae, en una espiralización que atenta en todos los casos contra el crecimiento de la economía.

Cada vez que cierra un almacén de barrio en la Ciudad de Buenos Aires, cada vez que surge un nuevo desocupado entre nuestros conocidos, la explicación puede encontrarse en todos los párrafos anteriores y en un modelo económico, el del oficialismo, que, en vez de solucionar los problemas recibidos de la anterior gestión, los profundizó, especialmente en los sectores más vulnerables de nuestra sociedad, con aumentos de más del 60% interanuales en alimentos y de más del 70% en transporte, solo centrándonos en la Ciudad de Buenos Aires.

Crecimiento del desempleo. Velocidad del costo de vida. Caída del salario en comparación con los precios. Y un país endeudado. Los datos ofrecidos la semana que pasó dejan un futuro incierto, que solo podremos torcer trabajando duro, especialmente quienes tenemos responsabilidades políticas. Recordemos que, al cierre de 2018, la pobreza alcanzaba al 32% de la población, y que para el segundo semestre de ese año el 6,7% de los argentinos vivía en la indigencia. Recordemos también que más de la mitad de los menores de 17 años vivía, a fines del año pasado, bajo la línea de la pobreza, según un informe de la UCA comentado en este blog.

Este combo anti-crecimiento y destructor de actividad, industrias y empleo, en combinación con las licencias brindadas por el FMI para controlar al dólar mientras nada de la deuda se renegocia, solo prepara un terreno más que difícil para después del 10 de diciembre. El Gobierno debería pensar un poco más en el país y un poco menos en las elecciones. Su primera responsabilidad es no olvidarse de los argentinos.

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