Semana de tres días, dólar récord y viejos remedios del BCRA

Lo visto el 7 de marzo comienza a preocupar tanto dentro como fuera del Gobierno. Ese día el dólar minorista cerró en la cifra récord de $43,50. Por su parte, “La Cenicienta” de esta crónica, el peso argentino, también al 7 de marzo, se depreció 4,56%, acumulando en el mes una caída del 8,5%.

Ese mismo día, en un intento por contener el valor de la moneda estadounidense, el BCRA absorbió en dos jornadas el 8% de la base monetaria, de manera tal que la tasa de interés de las Leliq llegó hasta 51,86%. Además, participó en la venta de dólar futuro. Pero los esfuerzos dieron resultado negativo. Ese 7 de marzo, marcado por una depreciación de monedas de los países emergentes, el impacto en la Argentina resultó mucho mayor: Chile y Brasil devaluaron 1,6%, y México, 1,1%.

Más de lo mismo

El detalle: si bien el Banco Central de la República Argentina no puede operar en el mercado, ya que el valor actual del dólar se encuentra en la zona de no intervención (entre $38,70 y $50,19 por dólar), el organismo comandado por Guido Sandleris aplicó remedios conocidos para evitar el alza cambiara, pero con éxito relativo. Al 8 de marzo, el BCRA dispuso el mayor incremento de tasas de los últimos cinco meses, colocando las Leliq a un promedio de 56,76%. Ello produjo una baja del tipo de cambio a $42,26 por dólar y el riesgo país quedó a la altura de las nubes: 768 puntos.

La pregunta que dejan estos tres días hábiles de la semana es si frente al próximo sacudón cambiario otra vez la solución será subir la tasa, con todas sus consecuencias negativas. Y otra pregunta derivada: ¿qué sucedería si pierde eficacia esta “morfina” para combatir la enfermedad del alza del tipo de cambio y la inflación, en la medida en que pasan los días de este año electoral?

El pico inferior de la tasa de las Leliq de febrero fue de 44%, el 7 de marzo bordeó el 52% con el dólar récord y el viernes 8 llegó a 56,76%. La moneda estadounidense, mientras tanto, quedó instalada en la banda de no intervención. A la vez, los costos de este plan económico redactado por el FMI están a la vista: la actividad, que cae, y el endeudamiento familiar, que crece. Y se suma un factor no menor: la incertidumbre.

En efecto, en 2019 -cada vez queda más claro- se rompió el contrato de confiabilidad con la gente. Los argentinos todavía con adhesión al Gobierno rompieron ese acto de fe que supone que el futuro será mejor: si antes decían que estaban mal pero que estarían mejor, hoy todos aseguran que estarán peor.

Con esta agitada semana finalizada, debería ser hora de que el Gobierno, antes que buscar solucionar problemas de corto plazo con programas de largo plazo, se ocupe y trabaje para que esta crisis económica no se transforme en social.

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