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La Dirección General de Estadística y Censos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires brindó la semana pasada un dato preocupante. Que cayeron las ventas de pymes y comercios porteños.

En términos interanuales, -11,8% se derrumbaron las ventas en supermercados durante el primer trimestre; -4,2%, las correspondientes a restaurantes; -3,2%, las de fast foods; -35,8%, las de electrodomésticos (línea blanca), y -23,5%, las de jugueterías.

Es una obviedad afirmar que el desplome del consumo en la Ciudad incide de forma directa en la estructura de comercios y pymes, que deben ajustar sus costos -entre ellos, salarios y empleos-, o bien cerrar.

Un problema nacional generado por un modelo económico solo preocupado en el dólar

El Indec, por su parte, esta semana ofreció también datos de caída de consumo. No es llamativo en un contexto donde el Gobierno pareciera tener como única prioridad el control del tipo de cambio, a través de elevadas tasas de interés de un promedio del 70%, que tornan imposible la financiación para los consumidores, las pymes, los comercios y el sector industrial en general.

De acuerdo con lo informado por el organismo oficial, las ventas en supermercados (-14,5%), mayoristas (-16%) y shoppings (-16,6%) se desplomaron en marzo en términos interanuales.

También el Indec indicó que en electrodomésticos y artículos para el hogar hubo una caída para el primer trimestre 2019 (-12,6% interanual). Este último documento señala además una caída del empleo en ese sector comercial (-10,4%) en marzo de 2019, con respecto a igual mes del año anterior. ¿La principal variable de ajuste entre los trabajadores afectados? Los niveles medios y bajos, clasificados como “Vendedores, cajeros, administrativos y otros”.

Todos los datos precedentes son consistentes con respecto al Estimador Mensual de la Actividad (EMAE) del Indec. ¿Qué detalló ese indicador, divulgado la semana pasada? Que la actividad económica presentó una caída interanual (-6,8%), más otra baja acumulada en 2019 (-5,7%) y otra desestacionalizada de marzo vs. febrero (-1,3%). El comercio fue el impulsor de este derrumbe, con una caída del 14,6%, mientras que la industria manufacturera le siguió con un negativo de 13,2%.

Alerta desde CAME

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), atenta a esta situación crítica, lanzó un comunicado el 26 de mayo que recomiendo leer. En él, además de las caídas en la producción de las pymes y del consumo en el primer cuatrimestre de este año, se destacan los siguientes datos:

  •         El 62,2% de las pymes industriales relevadas por CAME en abril registró caídas anuales en su producción.
  •         10,3% en promedio cayó la producción de estas empresas en términos interanuales.
  •         4,3% fue la caída de producción entre abril y marzo sin desestacionalizar.
  •         En abril varias pymes liquidaron stock urgidas por liquidez, dado que muchas ventas se pagan con cheques a 60 días, los cuales, por el elevado nivel de tasas, los empresarios evitan cambiar. Sin embargo, casi la mitad de las pymes no cierran los números y, según el estudio de CAME, terminan igual acudiendo a descontar a valores usurarios (+/-59% de tasa) sus ganancias por falta de efectivo.

¿Se puede modificar el rumbo?

Con esta política económica atada a variables electorales y cambiarias es difícil que repunte el consumo. ¿Por qué?

Porque los salarios siguen perdiendo frente a la inflación.

Porque las tasas de interés continúan muy altas.

Porque impera la incertidumbre en materia de estabilidad cambiaria, frente a un Gobierno que cada vez que pronosticó algo en materia económica luego no cumplió o se equivocó.

La solución para revertir esta situación crítica se encuentra a) en el diálogo con los afectados (pymes, trabajadores, industrias) convocado por el Gobierno, más b) la participación de otros espacios políticos. Más allá de las próximas elecciones, el tiempo que corre no es neutro y el contexto se agrava para todos.

Necesitamos ya discutir y consensuar cómo salimos de un modelo donde solo se genera riqueza (para pocos) a través de la especulación financiera.

Necesitamos reactivar la producción y el consumo, discutir tributos que desalientan la actividad económica y regular con seriedad aquellos que permiten lograr un equilibrio fiscal y una justa distribución de la riqueza.

Necesitamos también desactivar bombas de tiempo como las altas tasas de interés.

El principal responsable de lograr estas metas es el Gobierno. Ganaría en credibilidad, confianza y reputación, tres elementos clave en materia económica y que incluso le reportarían beneficios hasta en la soñada estabilidad del mercado de cambios.

Muchas veces me preguntan qué propongo como economista. La respuesta es clara: no se trata de paradigmas que ajusten a los argentinos (como sucede), sino de teorías ajustadas a las demandas de la Argentina. En menos palabras, mi propuesta es un plan de política-económica que a nadie deje afuera y que se construya sobre la base del diálogo y la construcción de comunidad.

No es imposible. Se trata, antes que de cualquier estudio o conocimiento, de aplicar el sentido común, un sentido común patriótico, y de salir de sectarismos y grietas que nos han paralizado la economía y deteriorado la calidad de vida desde, por lo menos, los últimos ocho años.

 

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