Por Matías Tombolini (*)

El domingo ganó Bolsonaro con un margen muy holgado. Si bien habrá balotaje, es muy probable que se convierta en el próximo presidente de Brasil y esto representa un potencial problema para nuestro país.

Haber desatendido el mercado interno no es gratis. Argentina es un país frágil. Producto del conjunto de decisiones de política económica del gobierno anterior y del actual, hemos quedado fuertemente expuestos a variables que no controlamos.

La tasa de interés del FED (el Banco Central de EE.UU.), el precio de las commodities y el vigor de la economía brasileña son variables que suelen ser fundamentales pero que para el plan del gobierno en 2019 son VITALES.

En el 2019, si no exportamos 74 mil millones de dólares los números no cierran (imaginando que cierren de algún modo). Esas exportaciones solo sucedieron con los superprecios de 2012, 2013 y 2014.

Depender del afuera y seguir sin discutir como mejorar el “adentro” nos deja a merced de un dirigente (Bolsonaro), que no dejó claro sus intenciones con el Mercosur. Podría ocurrir la paradoja que con Bolsonaro la economía del Brasil mejore (lo cual me parece difícil) y que aún eso no nos sirva porque su gobierno decida desintegrar la región.

Necesitamos venderle más a Brasil (y al mundo) y que eso contenga VALOR AGREGADO. En un mundo donde manda la innovación es urgente que ofrezcamos productos que puedan integrarse en cadenas que sumen el esfuerzo de nuestros vecinos para competir a nivel global.

Esto solo puede suceder si primero le damos la chance a nuestra producción de crecer DENTRO DE LA ARGENTINA. De no hacerlo, es como pretender que un artista sea un éxito de ventas fuera del país antes de triunfar en su lugar de origen.

Hace años que no avanzamos y mejoramos nuestra balanza comercial con Brasil. Si seguimos esperando que el milagro venga de afuera porque sube el precio de la soja (en lugar de bajar las tasas de interés, promover la innovación, fortalecer el mercado interno y agregar valor nacional) el resultado será siempre el mismo.

No se avanza mirando por el espejo retrovisor de un modelo que funcionó en 1890, sino dibujando un horizonte que apueste a lo que nos hace sentir orgullosos. Si no, miremos a SEACOM.

(*) Economista, docente y dirigente de Avancemos por el Progreso Social (APPS)

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